La mayoría de veces pedimos que nuestros hijos nos escuchen. Existe una línea muy grande entre oír y escuchar. Y demandamos como papas ser escuchados. Pero de la misma manera nuestros hijos demandan y piden a gritos ser escuchados.
Las redes sociales pueden esperar, las necesidades ajenas pueden esperar. Deseamos estar más interesados en escuchar las inquietudes de nuestros hijos; porque si no lo hacemos nosotros, alguien más lo va hacer por ti y por mí. Un bebe pide ser escuchado y atendido atreves de llanto, lloriqueo, y pataleo. Y cuando esa necesidad no ha sido suplida puede pasar los años y se sigue comportando de la misma manera ya en una etapa infantil, de adolescencia e incluso en una etapa adulta.
En su mayoría solo se requiere prestar atención, y aunque parecería insignificante lo que quisieran decirnos, para los hijos es de suma importancia. Queremos su confianza en los temas significantes como en los insignificantes. Es ahí en el oído de la madre o del padre, donde se deben sentir escuchados y seguros.
“Muchos conflictos se resolverían si decidiéramos escucharnos mutuamente y no solo ventilar lo que molesta.”
“Escuche esto el sabio, y aumente su saber; reciba dirección el entendido” Prov. 1:5
